Sollozo oculto

(memoria personal de los tiempos)

Crispados mis sentidos en su jaula nómada,
hoy no me basta la palabra.
No he dejado de hablar, parlotear, gritar a ratos,
pero no da de sí.
No me basta el cuerpo: 
armónicos, violentos, espasmos, semiesferas,
ningún movimiento encuentra su expresión.
Hoy mi mirada vaga, 
el tacto se adormece y 
paladeo sin gusto los sabores en su homogéneo devenir.
Así que 
así me ves, el consuelo no llega,
el sinsabor aprieta 
y ni pensar en ti me regala algo de brillo.
Aunque mejor pensado sí,
pensar en ti sí me apacigua,
me pese o no, es así. No seas malpensada, Jazz,
hay algo profundamente hipnótico en su imagen,
porque eres, como tu pueblo,
esclava de tus pasiones.
Tú exhortas a olvidar
pero tú también, también, no lo niegues,
eres esa criatura
dotada de una memoria bidireccional,
que idealiza, que criminaliza, cristaliza, eterniza,
no te eleves, que no te va.
Querrías encontrar las escalas justas,
un tono apropiado para esta suerte de enjambre
despiadadamente proyectado para convertir
en veneno cualquier voluntad, 
por inocente que sea,
pero no eres una diosa.
Hoy te dejas contagiar por esas lágrimas,
sin saber muy bien por qué es necesario tomar posiciones claras.
Me doléis, me doléis tanto que no sabéis cómo giro en torno a 
lo que huelo
allá, a lo lejos,
en un norte que no me pertenece,
habitando de puntillas todas las fronteras.
No quiero, no hay, no está el sitio para mí
pero me conforta saber que junto a más idiotas
me muevo flotante en terreno de nadie,
sabiendo de antemano que hay 
oídos dispuestos a hacer barrera con la mano,
inexorablemente,
en uno y otro bando,
y que eso es miedo.
Así que prefiero estar en esta tierra baldía, 
prefiero no tener etiquetas, no ser correspondida,
prefiero que no me escuchen, 
ni hacer por escucharme.
Prefiero jugar a la indiferencia 
e inclinar el esqueleto bajo el sol,
y dejar que vuelen, que vuelen, que vuelen los gritos,
que venga el momento
y tapar, también a cal y canto, estos oídos,
dejando una ranura para que el viento me meza
y la boca abierta para nutrirme de elixires
que tú derramarás
cuando me pienses.



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