Autorretrato


Aquí te tengo, desmoronada,
Desmadejada,
un borroso desmán de mujer.
No sé qué hacer contigo:
no me escucharás, eso está claro.
Siempre desoyes mis consejos,
Aborreces mis vaticinios,
que suelen cometer el error de acertar.
Cómo puedo arroparte,
Cómo puedo consolarte,
Si sólo quieres que te de mis brazos
Y dar rienda suelta a tu desgana.
No sé qué hacer contigo
Cuando eres un montón de cachos,
Cuando los huesos se te desparraman
y pierdes la diminuta consistencia.
A veces creo en cambio
Que confías demasiado en mí;
crees ciegamente en todos los cuentos
que improviso
para insuflarte un breve impulso.
Y me sobras.
Hoy, por ejemplo,
Has llegado cabizbaja, repetitiva,
ajada de condenas, desesperada por tenerme.
Hoy es un día de esos parecidos a otros
que pierden el color con los putos lavados.
Hoy no tenías ganas de mentiras,
Yo no tenía ganas de ti,
Y por entre las grietas de nuestro desencanto
Sedimentados como monstruos,
Los restos humildes del deseo insatisfecho
Han causado tormentas subterráneas
que volverán a poblar invisibles
las raíces del nuevo rostro
que, aplacado y risueño, repleto de barniz,
Y aun temiendo que el brillo sea fugaz,
recompondrá quebrantos
y ostentará el triángulo de siempre,
el semblante payaso
experto en ocultismo.




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