Días tristes
Sí, lo sé: no te creas.
Podría ponerle voz a tus gestos,
Te imagino empezando a hablar,
Y yo haciendo playback.
He ahí la magnitud de la tragedia:
Que ya lo sé,
por eso no me da la gana de saber.
Podría haber imaginado el proceso al revés;
Debería plantearme todo desde su nada.
Todos los finales son tan similares…
A veces me pregunto qué me quiere
Qué me quiere decir la existencia
Con estos parecidos razonables,
Para cuándo me tiene guardada
Alguna sorpresa con variación.
O seré yo la que se crea
Este círculo inútil
Cual cobaya en el ruedo
Esperando que se abra la puerta
De la impertinente jaula en que me meto siempre.
Hay días en los que uno confirma que es idiota.
Esos días a veces se alargan en el tiempo:
Menos mal que de repente aparece un añico
Uno sin importancia y al fin parece
Que ya no es tan idiota,
Y aún así cuesta no retroceder.
Me falta personal, es la pura verdad:
Me hace falta una multitud,
Me urge un trapecista que se aventure a regalarme
su experiencia,
necesito una anciana que se peine con líquido violeta
y que se lave las bragas gigantes en la pila de afuera:
un niño que adore meter los dedos donde no debe
y unos cuantos gestos cotidianos.
Me sobran ya tantos desvelos,
Me sobran eruditos y vagabundos,
De más están los que cuentan historias
Que no les pertenecen.
Quiero una pitonisa que sólo cuente trolas,
Una amazona que me monte detrás
y me vaya narrando lo que ve
Mientras cierro los ojos y me digo
Que acabo de nacer.
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