El eco de tu nombre
Esos nombres
Que llevaban consigo mi ardor
Esos nombres que pronunciados por
otros
Me obligaban a saltar, me
mantenían alerta;
A veces me sonrojaba con oírlos
Y me tenía que esconder de la
vergüenza, del absurdo.
Qué hermosa es la juventud,
Cuando todo es por primera vez,
Incluso la décima parece la
primera.
Y me deleita
Que se haya demorado con el tiempo
esa tontuna,
Que se me haya quedado este poso
inquieto
Y que aún ciertos nombres
Lleven consigo el eco inquietante
de la emoción,
de la irresolución.
Sonrío, porque pese a todo
Quedan los nombres con resorte,
Da igual si los pronuncian otros,
Da igual si están escritos o es una
de esas raras veces
En que se escapan de mi voz.
Ahí estoy de nuevo,
Dejándome llevar por el poder
idiota de esa palabra que lo evoca,
Contagiándome de esa provocación,
de las veces – muchas o pocas- que
lo dije
con la calma hecha pedazos.
Todos los que fueron siguen siendo,
La razón no se ha impuesto,
Y aunque a veces
me resulte irritante este cerebro
improductivo
me hace tan feliz
Ser dueña de estos ratos,
De estos gritos:
Nosotros ya no somos,
la historia devoró aquellas
promesas
Pero el eco de tu nombre
resuena único en mis primitivos
hemisferios.
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