Malditos Agravios



Qué tozuda humanidad, qué país dolido,
Que no sabe olvidar y que se relame
de rencores.
Qué agravios en las esquinas,
Qué ignorantes,
Qué profunda incapacidad para vivir.
Me da pena presenciar
Esos gritos de la nada
Que a la nada llevan;
Ese malestar voluntario
Y tantos individuos que defienden
un pedazo de historia
Que nace de la inútil diferencia.
Qué prepotentes ambos bandos,
Cuánta cobardía en el ambiente,
Cuánto sentimiento callado
Que llorará en silencio.
Dejad a un lado la palabra libertad,
Que ni a unos ni a otros os honra,
Dejad a un lado las palabras que se os quedan grandes.
No sabéis hablar, no sabéis ser,
Habéis aprendido a insultar
En uno, en dos o en cinco idiomas
Pero no tenéis ni puta idea de lo que el hombre busca
En su azarosa  y corta o longeva existencia.
Yo la verdad, no creo en nacionalismos
Y si hoy lo hiciese, cambiaría mi país por el de una isla sin nombre.
No quiero saber más de mis raíces manchegas, renuncio a mi nacimiento
Levantino, no quiero saber ya del amor que Cataluña me provoca
cuando a veces la habito.
Estoy harta de esta voluntad de guerra,
Estoy harta de tantos recelos
Y sobre todo de evidentes paralelismos.
Igual que un mal divorcio,
Peleando por migajas mientras sus retoños sufren de abandono.
Porque el germen de la lucha está olvidado,
batallando en nombre de causas tan infames
lengua, creencias, amor, honor, derechos, libertad que no existe.
Infames, sí, porque dejaron de ser convicciones
Para convertirse en instrumentos de una coacción bilateral
Que nos transforma a todos en radicales, en terroristas
Y nos ofrece a cambio una ceguera
Que nos impide ver
Cómo se van acallando las sonrisas de todos
En absolutamente todas partes.





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