Ponle de una vez final a esta nada




Agoniza noviembre
Estos otoños repetidos
De extrañas vueltas.
Estos días de un negruzco inusual
Que me llevan en volandas a un lugar en el mundo
Con esa chimenea fría.
Tú resplandeces,
El ser más dorado de este otoño
Que no podría ir más despacio.
Podría no mirarte, protegerme,
Podría intentar por una vez
Sobrevivir a esta admiración perpetua.
Y sin embargo los condicionales
Me llevan siempre a un presente
Vanidoso y humano
Que te quiere atrapar
-ilusa, irreverente, obstinada caduca-.
¿Hasta dónde llega el optimismo de la raza?
¿Dónde engendraste todas estas quimeras?
Frente a frente con esta voluntad entusiasmada
Que se complace tibiamente en la derrota cíclica
Que te propina, una vez y otra vez.
Hay amores enormes que no son más que guerras inútiles
Contra uno mismo
En la cruzada –tal vez noble- de la culpa
O de la incertidumbre:
Tal vez son sólo contriciones,
O ansias de poder.
Tengo cientos de lentes
para dar perspectiva a esta sumisión:
millones de palabras que se agolpan dispuestas a llamarte,
deslices, perjuicios, perdones y lamentos
más las lágrimas infinitas que acumulan
estos ojos cansados.
Y la respuesta es simple si no vuelves la vista atrás
Y la solución es pequeña como una vida corriente
Y necesito ya
Cerrar de una vez,
Y tirar la llave al mar y no bucear.
Y no bucear.
Y no bucear.



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