Recovecos



No busques esquinas
En los recovecos de ese vientre femenino,
No imagines, no sueñes, no crees aristas
No gestes falsos escondrijos rectilíneos.
Ella te abarca generosa
En el planeta que su vientre acoge,
Recorre a diario tu piel con su lengua esférica
Con ánimo de suavizar la secante
que te cruza el rostro herido.
Se te antojan entonces cuchillos los recuerdos
Y buscas defenderte, un rincón afilado
Que arrincone lo angosto de sus curvas,
Tan sinuosas ellas,  tan cerradas
que te asfixian en su poder elíptico.
No te asustes, no temas:
Es  común padecer de ambiciones lineales.
Lo verdaderamente extraordinario
Es esa inexplicable redondez,
La misma que os mantiene en líneas paralelas,
Separados por una distancia invisible
que, según ciertas leyes,
nunca será salvada.
No enfurezcas,
no grites,
No sufráis la pérdida,
No lo intentes, no busques,
No la busques,
No maldigas,
No la tortures más
aventurando
Que un día cuando sea más real
descubrirá los ángulos que le enmarcan el alma.
¿Acaso viste alguna vez
esquinas en la luna?
¿Descubriste una flor
 de pétalos cuadrados?
En silencio, sin ruidos,
Olvida los terribles aspavientos
De tu falta de fe,
Perdónate el exceso de arrogancia
Y sobre todo esa ceguera obtusa.
Desaparece, junto a tantos reproches,
 y esas ansias cansinas
de transformarla en un animal corriente,

Acércate a unos dedos que te recorran firmes
esa testaruda inflexibilidad:
Solo así crecerán
Las alas que incipientes
germinan
en el descaro cóncavo de sus omóplatos,
esas que transformaste
(con tu torpeza)
en hielo.


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