Vaivén





Vuelan las primaveras
Con un murmullo anestesian
La crueldad de los años,
Dejándome creer que todo sigue
y que crecemos.
Tengo este amargo don del optimismo,
de la niñez obstinada
y de la vista acomodada a mis antojos.
Os he visto pasar,
hermosos como soles en el viento,
mi querida familia, mis dos ángeles
que no sabéis serlo
y me he dedicado a contemplar
el rostro amable de la inmovilidad.
Y sin embargo,
Una cierta perspectiva
Diluye mis apegos:
Una mano que se va alejando
Y tu sombra que ya no me acompaña
en este divagar taciturno
disfrazado de saltos y de risas
y cuando no me dueles
empiezo a preocuparme:
escrito está que no quiero olvidarte,
que necesito una inyección de tus espantos,
un pequeño pinchazo de tu algarabía
para volver a ser.
Ya ves, tan frágil, tan moldeada al fin,
Tan programada para no fallar
al modelo insensato de
lealtad a la nada.





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