Antropomorfo
Yo canto, entono para mis adentros,
Con esta cuerda afónica que me resta:
a los imposibles y a los deshauciados canto,
a los innombrables, a los silenciados,
insuflando de hermosura sus imperfecciones,
lamiendo sus humanas entrañas,
que, ilusas,
buscan recomponer sus deseos descuartizados
en el vano concepto de lo digno.
Entonces sí,
resurgen los amores impronunciables:
Esos
que no se nutren de aromas de pasados exultantes,
ni de sueños a medias,
ni de tatuajes
tallados a golpes de fogosos impulsos:
esos amores de colchón barato
que venera el amante en sus sueños
sabedor de que para el otro fueron acaso
un par de malas noches.
O esas otras pasiones de alquiler
que algún loco pensó que le robabas,
benditos aquellos que entendieron
que cualquier eternidad dura pocos instantes,
por más que demore en diluirse un recuerdo.
Yo canto a los suicidas
Que por amor a la vida saltaron al vacío:
esos de cuyos nombres se quieren olvidar
aquellos que consintieron yacer
al dolor
transformado en vetado tabú.
Yo canto a las sirenas
Que provocan hirientes a algunos hombres buenos
Y que incólume e irreprochablemente
seguirán ejerciendo su labor.
Alzo mi voz por las causas injustas
Que tú también viviste en nombre de ti mismo
Y que apartas a golpes de silencio
Y negarás más de tres
veces
cuando lo creas necesario
Grito por una especie
Que juzgue la necedad y no mate al deseo,
Que no sea tan dura con sus carnes,
ni tan condescendiente con sus atrocidades
Grito
porque me ofende que se aleje de sus vísceras
y se acerque al exceso religioso
En nombre de un ateísmo generalizado;
Grito
frente a esta pérdida de papeles
Donde todo,
absolutamente todo, está permitido,
salvo sentir y dar fe de ello.
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