Apología del ego
Heme aquí: hoy vengo a mostrar
mi cobardía.
A proponerle una tregua.
Espero que no sea rencorosa,
Llevo una vida mandándola al carajo,
Negándola y hundiéndola en el cemento
Ocultando el crimen de vivir con miedo.
La mía es - digamos que- de risa,
Me ha llevado a lanzarme a muchos regazos,
Como Scooby se parapeta en su dueño.
Soy una perra miedosa
De ojos desorbitados,
De esas que se temen lo peor
Y le joden la fiesta al propio orgullo.
Me cago de miedo las más de las veces,
Tal vez por tradición o por herencia,
O por haber aprendido que esperando a la nada
es evidente que nada ocurrirá.
Y estoy harta
De simulacros,
De silencios llenos de pasión
Que en su callada melodía
Se transforman en monstruos que me acechan,
Por esta repetitiva manía de sonreír al puto viento en
contra.
Y estoy harta de que nadie
Aprenda de los dolores que me ha dado,
Y de que esos pinchazos se retuerzan entre mis vísceras
Como culpas perpetuas.
Y estoy harta
De la buena educación
De la contención,
De los tirayafloja en que mi voz
apacigua el cotarro.
Está bien, quiero abrazar a la cobarde que soy,
Decirle que la valentía está sobrevalorada,
Como lo están el narcisismo y la autoestima
Y todas las patrañas del sinsentido adulto,
Pero también quiero decirle
Que empiece de una vez a soltar por su boca,
Que no le tenga miedo a gritar
Cuando aprieta el aullido,
Que no solloce sin más
ante los abandonos:
Que reclame, que se imponga, que desee contar
Y que narre y que diga y que deje de jugar
a que la vida en serio será para otro día.
a que la vida en serio será para otro día.
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