Autoconsuelo
Mi niña errante, ven.
Arrúllate conmigo, me
conmueves,
Cuánta paciencia, cuántos
sinsabores,
al silencio de este silencio
convenido
y contenido por dejar de ser
estrella.
Mi vieja niña huérfana, tus
dolores se mecen como vientos del este.
Duerme tu mal, descansa,
Firma una tregua larga con
tus dudas,
Haz de tus sueños un escudo
inmenso
Y sigue hasta que llegue,
Si llega alguna vez,
La ansiada primavera.
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