Castigo
Cuando te aferras a un dios
Mortal y delicado como tú
y no puedes dejar de creerle
porque sería dejar de existir.
Cuando tu órbita se hace diminuta
Y sólo su aliento te alimenta
Y su aliento no existe, y se disuelve
En lo desconocido.
Y se obstina algo muy infantil
Como si hubiese vislumbrado una salvación
En su piel cambiante.
Y sólo piensas en rodearlo,
Inyectarle tu lengua entre los muros,
Como única salida a tu veneno
Y eres consciente de tu locura
Y día a día se agranda, se magnifica,
Y sabes de lo tremendo que eso es.
La obsesión es el peor de los castigos.
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