De a pocos
De a poquitos te vas haciendo viejo,
Tan lentamente que te haces a la idea
y se te van acomodando los antojos
y pasas en segundos de ser un adulto equilibrado
a ser de nuevo un pendejito loco.
Empiezas a querer quererlo todo,
A ver a Dios en todas las esquinas;
o a lo mejor sus posibilidades y todos los milagros
cotidianos.
Y te peinas la mata de pelo, ya algo rala,
y sales a matar:
Haces las paces con la muchedumbre,
olvidas por un rato las nostalgias,
Te entregas infantil a los encantos
De edulcoradas voces de ninfas y sirenas
A punto de sucumbir
A tu segunda mocedad,
Hasta que un agujero
Deja entrar esa falta de fe
Que susurra palabras que no quieres
Y te ata al mástil de la cordura
Te devuelve temores y temblores
La misma incertidumbre del pasado,
Como una zancadilla justo a tiempo
Te coge del brazo justo cuando tú estabas
A punto de abrazar a la belleza oscura.
“El Hades nos espera, viejo”,
y vuelves a tu isla
con el rostro empapado en el sudor
de un breve sueño idiota.
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