Efimérides




Hay amores que duran unas horas:
Se mecen eternos en caricias de papel pinocho
A la hora tonta de un peligro inocuo.
Hay amores ínfimos que duran una idea:
Ni siquiera dan para pensarlos del todo,
O para refinar sus contornos.
Perecen, un poco desinflados, con el triste sol de invierno
Con tres palabras a destiempo,
un par de desencuentros de miradas
Y ese silencio en la mañana que ha cerrado el baúl
Y le pilló las pelotas a la única redención posible.
Y la gratitud hace piruetas en el ambiente,
Le pese a quien le pese.
Aunque abrase ahora el desencanto
Aunque agotado, el tiempo se haya dedicado a malgastarse,
Aunque haya que hacer verbo al hombre porque
Funciona de puta madre relatar los desastres.
Es hora de recordar que lo inolvidable
No es más que el fruto de un coito inexplicable,
Un polvo de retinas enredadas en química,
Un accidente conocido como ley del deseo.
Dónde van tantos besos sin alma, tantas caricias sin destino
Cuando el viajero las profesa para besar al aire
Y se te solidifican las vísceras mientras eres testigo.


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