La niña sirena


Me pregunto qué amarguras mutilaron
Tu esencia.
Me cuestan tus palabras agrias
Tu parapeto inútil,
Descoordinado,
Ése que huelo con una frase
Y que nadie se atreve a mirar de frente.
Yo aún te arrullaría entre mis brazos ancianos,
Como cuando saltábamos en aquel espacio prestado
Que acogió nuestro florecer.
Eras tan salvaje, pedías a gritos
Un rato de ternura,  disfrazada de miles de mujeres.
Dónde quedaron aquellas curvas que nos llevaron
Directas al suelo,
Dónde quedaron esas incertidumbres que nos hacían
Demasiado humanas.
Hoy te escudas en absurdos desprecios
Como mujer madura y resignada,
Negándote, negando lo que fuimos,
Orgullosa e irreconocible.
Qué dolores demonizaron tu piel
Siempre dispuesta a la inocencia:
Es como si te deleitaras en haber desaprendido
A aquella joven vagabunda ávida de vida,
Y ese norte que te rodea
Protegiese tus nieblas provocadas.
Me dueles,
Tu tozudez, tu artificial desdén,
Tu no ser tú a pesar de que no puedas evitarlo.
No quiero ver tu rostro,
No quiero ver el cuerpo que hoy te envuelve,
Podría abrazarte, abrazar a las niñas que somos
Y decirte que no hace falta
Que te cuentes tantas mentiras,
Porque esta puta vida
Se pasa volando,
Y tú te empeñas en seguir jugando a la alien incomprendida
Que se olvidó en el camino
la humildad que días atrás la ocupó, radiante.






Comentarios

Entradas populares