Momentitos de nada
No es tan raro vivirlo
No está bueno negarlo,
Sólo es ligeramente desolador,
Catatónico,
Jodido, triste; obscenamente triste.
Sólo es cuestión de aceptarlo con tiempo
Y con ganas.
Suele costar un poco
Cuando el tiempo se empeña en ir a contracorriente
Y las ganas flaquean.
Cuando te pase, ten a mano un espejo
Que te devuelva los ojos inflamados
De quien eres:
No tanto por observar tu ser en ruinas
Como para abrazarte más estrecha
Y así calmar la desazón.
Cuanto más nos necesitamos,
menos somos capaces de abrazarnos los egos,
De darnos por completo
Y olvidar al mundo que por tiempo indefinido
Se ha quedado en una espiral paralela.
Coge ese espejo, habla con el que te observa,
Sonríe a tu mirada exhausta,
Achúchate el mar que te invade el rostro,
Dale al centímetro de piel un pedazo fragrante de esperanza.
Olvídate de todo lo aprendido
Acoge, abre, abre esos brazos,
Baila, desea, fortifica,
Déjate llevar por los instintos que aún te quedan
Y dibújate como en un
sueño.
Las palabras que no quieras
Mándalas a quemar;
Aniquila sin piedad los arrepentimientos,
No pienses matemáticamente en las soluciones.
De ti depende la importancia de todo:
De ti, que la anécdota supere a la tragedia,
Que los sueños brillantes vuelvan a ser mucha más vida
Que ese pequeño infierno.
A quién no le ha pasado que frente al espejo
Se haya visto roto y desgarbado,
Inoportuno y ridículo.
Otra mirada, lejana de la que no te pudo ver,
Logrará que ese mismo cristal
Refleje otro esqueleto con los mismos rasgos:
Uno tremendo y arrebatador, con sonrisas de más,
Con estrellas alrededor y la pasión de un niño
Que no recordará, porque es inútil recordar,
esas enormes tragedias con que se topa el devenir, a veces.
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