Poema por entregas



Hoy ha decidido comenzar
Una historia de amor,
De esas que no se sabe de qué sombrero
Han salido.
Tortuosa, seguro.
Con un poco de suerte, larga:
Vaticinamos
que marcará la diferencia,
que no caerá en la desgana
y que tendrá la memoria justa
para no recelar en demasía
ni darle mucha bola a los infundios.
Un amor que no perderá su fuego
Ante infidelidades exigidas por guión,
Siempre y cuando garanticen
El cumplimiento del refrán,
Lo que no mata engorda.
(Me encantan los incisos tan terráqueos).
Gestada por multitudes,
Emerge minúscula, prematura tal vez,
Dispuesta a devorar demonios,
Dispuesta a aniquilar atrocidades,
Con infinitas palabras,
Hechas a medida para tus oídos.
Con gestos, ah, los gestos
Y música, violines, violonchelos,
Todo de lo más pomposo,
Mullido como el colchón de lana
Guardado en el altillo.
Tiene sus condiciones
Pese a lo improvisado:
No tolera victimismos,
Ni manipulaciones
Ni luchas de poder:
La mentira se acepta, en dosis reducidas,
Siempre y cuando sea susceptible
De derivar en certezas.
Esta pequeña historia ha sido concebida
En la más absoluta intimidad
Y así debe quedarse:
Grabada si acaso en la memoria,
en la pasión diaria de puertas para adentro.
Libre de ostentaciones,  exenta de titubeos,
Como esas historias eternas de los libros
Y de las fantasías.
Hoy ha decidido comenzar
Una historia de amor como ninguna,
la más inolvidable:
Hoy comienzo a enamorarme de mí
Por todas esas veces en que me rechacé,
Murió la que me mata.

Larga vida a la reina.
.

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